Hace mucho tiempo, en las montañas más frías del norte, donde la nieve nunca deja de caer, vivía una mujer llamada Berchta. No siempre fue una leyenda; alguna vez fue una simple anciana que amaba el silencio del invierno y el aroma del pino fresco.

Una anciana solitaria de las montañas con poderes sobre el invierno.

Con el paso de los siglos, su nombre cambió. En algunos lugares la llamaron La Befana, en otros Frau Holle, pero todos la conocieron como la Bruja de Navidad. Dejó de ser una mujer mortal para convertirse en un espíritu del invierno, una sombra que vuela entre los copos de nieve, recordando al mundo que, en la noche más fría del año, la magia solo nace de la compasión. ⭐

El carbón que se vuelve oro representa la transformación del alma.

De pronto, una luz plateada apareció entre los árboles. Era Berchta, envuelta en una capa de piel de lobo, portando un farol que brillaba con un fuego que el viento no podía apagar. No era una bruja malvada, sino una guardiana. Con voz suave, los guio hasta su cabaña. Allí los alimentó con pan de jengibre y leche caliente, y mientras dormían, usó su rueca mágica para tejerles guantes y gorros que nunca se desgastaban.