Al salir del templo, el mundo exterior era un caos de fuego ceniciento. Fue entonces cuando apareció , el guerrero proscrito que una vez juró protegerla y que terminó exiliado por amarla.
El cielo de no era azul, sino de un color violeta eléctrico que presagiaba el final. En el centro de la Ciudad Blanca, dentro del Templo de los Suspiros, Iereia abrió los ojos. No era una mujer común; era una Hieria , una doncella consagrada desde su nacimiento para ser el recipiente vivo de la última profecía. IEREIA_ La doncella del Apocalipsis - Kelly Dre...
Iereia sintió el frío del mármol bajo sus pies descalzos. En su piel, grabadas con tinta de plata, las runas del Apocalipsis empezaron a brillar con una luz dolorosa. Ella no sentía miedo, sino una furia ancestral. No había sido entrenada para morir pasivamente, sino para ser el arma que cortara los hilos del destino. La Sombra del Guardián Al salir del templo, el mundo exterior era
—El tiempo se ha agotado, Doncella —susurró el Sumo Sacerdote, cuyas manos temblaban al sostener la daga de obsidiana—. Los jinetes ya no golpean a la puerta; ya están aquí. En el centro de la Ciudad Blanca, dentro
Iereia sonrió débilmente, guardando en su interior el último de los sellos.—No, Kaelen. Esto es solo el principio de una nueva era.
Juntos, la Doncella y el Guerrero se abrieron paso hacia la Grieta del Abismo. Mientras Kaelen contenía a las hordas de seres sin rostro, Iereia comenzó el cántico prohibido. El Apocalipsis no era un evento que ella debía detener, sino un poder que debía .